Dos videos en los que se recopilan, en alta resolución, una de las mayores colecciones fotográficas realizadas por el telescopio Hubble.
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Dos videos en los que se recopilan, en alta resolución, una de las mayores colecciones fotográficas realizadas por el telescopio Hubble.
Yo he conocido a alguno que presume de tener más de esos 768 "amigos" en Facebook.
"Buena chica" sonó por primera vez en el año 1987 y fue la única canción que logró convertirse en éxito de su nuevo disco "Continuará".
Este nuevo trabajo era uno de los favoritos de Enrique Urquijo, con muy buenas canciones pero que falla con la calidad de sonido. Según Álvaro Urquijo el motivo es que fueron ellos mismos los productores del disco y no tenían muy claro como era el sonido que querían conseguir y que la grabación se realizo utilizando un nuevo sistema digital que hizo que su nuevo trabajo sonase como apagado.
Pero vamos a hablar de una de las mejores canciones de Los Secretos.
"Buena chica" fue compuesta por Enrique con partes de música de Alvaro, cuenta la historia de una chica que trapichea con drogas con la que Enrique se sentía muy identificado.
Aquí, según el libro "Adios Tristeza", hay varias teorias: Según Álvaro, que se mantiene bastante al margen con este tema, era una chica muy guapa, a la que conoció Enrique y que trapicheaba con drogas. Para Oscar Ruiz la canción está dedicada a la dueña de un bar de Argüelles que murió y que tuvo mucha amistad con Enrique y para el Dr. Laguna, compañero de hotel y furgoneta de Enrique en los 90, se trata de una amiga de Enrique que se dedicaba a buscar publicidad para la revista "La luna de Madrid". Como vemos varias hipótesis sobre una misma persona.
Parece ser que Enrique nunca reveló a nadie el nombre ni ningún otro dato sobre quién era esta "Buena chica".
Sólo nos queda lo que el nos contó en estos versos que aquí os dejo.
BUENA CHICA
Su casa bordeando la autopista
hizo que ella creciera muy deprisa.
No quise conocerla de aquel modo,
si quieres comprar algo tengo todo.
Y pocas veces sonreía
pero con eso a mí me valía.
No quise acompañarla en aquel vuelo
porque apenas pisábamos el suelo,
y antes que nuestro tren descarrilara
en marcha me bajé sin decir nada.
En otro tiempo me gustaba
cuando en su mismo barco viajaba,
yo viajaba.
La ví en un bar de aquellos que frecuenta,
estaba de negocios en la puerta
y comprendí que nada había cambiado,
ójala nunca la hubiera encontrado.
Te juro que era buena chica,
aunque con poco apego a la vida.
A la vida....
El origami es el arte de origen japonés del plegado del papel, para obtener figuras de formas variadas. En español se conoce como papiroflexia.
La agencia Reuters ha creado una selección con 100 fotografías que muestran acontecimientos que han sucedido durante la última década.
En las imágenes elegidas por la agencia hay de todo un poco como en botica, aunque la mayoría de ellas nos muestran sucesos trágicos.
Puedes ver las imágenes pinchando sobre este enlace. Pide registrarse para verlas en una resolución mayor.
Ya tenemos los resultados de la encuenta ¿Que tipo de fotografía consideras más artística en blanco y negro o en color?.
La encuesta ha estado activa durante 15 días y han votado 46 internautas, 29 de ellos (un 63%) consideran que la fotografía en blanco y negro es más artistica que la realizada en color, que sólamente ha obtenido 17 votos (36%).
Por lo tanto con los resultados de esta encuesta queda demostrado que la postura que yo defendía en la entrada "Silueta en blanco y negro" es la aceptada por la mayoría aunque eso no significa que sea una verdad absoluta.
Nota: Esta entrada estaba previsto que apareciese publicada ayer pero en el último momento fué sustituida por la noticia de la muerte del actor José Luis López Vázquez.
¿Qué es una crisis capitalista?
Veamos en primer lugar lo que no es una crisis capitalista.
Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que haya 4.750 millones de pobres en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que haya 1.000 millones de desempleados en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que más del 50% de la población mundial activa esté subempleada o trabaje en precario, eso no es una crisis capitalista.
Que el 45% de la población mundial no tenga acceso directo a agua potable, eso no es una crisis capitalista.
Que 3.000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos, eso no es una crisis capitalista.
Que 113 millones de niños no tengan acceso a educación y 875 millones de adultos sigan siendo analfabetos, eso no es una crisis capitalista.
Que 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables, eso no es una crisis capitalista.
Que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, eso no es una crisis capitalista.
Que 16.306 especies estén en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos, no es una crisis capitalista.
Todo esto ocurría antes de la crisis. ¿Qué es, pues, una crisis capitalista? ¿Cuándo empieza una crisis capitalista?
Hablamos de crisis capitalista cuando matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4.700 millones, condenar al desempleo o la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, derretir los polos, denegar auxilio a los niños y acabar con los árboles y los osos, ya no es suficientemente rentable para 1.000 empresas multinacionales y 2.500.000 de millonarios.
Lo que demuestra la superior eficacia y resistencia del capitalismo es que todas estas calamidades humanas ―que habrían invalidado cualquier otro sistema económico― no afectan a su credibilidad ni le impiden seguir funcionando a pleno rendimiento. Es precisamente su indiferencia mecánica la que lo vuelve natural, invulnerable, imprescindible. El socialismo no sobreviviría a este desprecio por el ser humano, como no sobrevivió en la Unión Soviética, porque está pensado precisamente para satisfacer sus necesidades; el capitalismo sobrevive y hasta se robustece con las desgracias humanas porque no está pensado para aliviarlas. Ningún otro sistema histórico ha producido más riqueza, ningún otro sistema histórico ha producido más destrucción. Basta considerar en paralelo estas dos líneas ―la de la riqueza y la de la destrucción― para ponderar todo su valor y toda su magnificencia. Esta doble tarea, que es la suya, la hace mejor que nadie y en ese sentido su triunfo es inapelable: que haya cada vez más alimentos y cada vez más hambre, más medicinas y más enfermos, más casas vacías y más familias sin techo, más trabajo y más parados, más libros y más analfabetos, más derechos humanos y más crímenes contra la humanidad.
¿Por qué tenemos que salvar eso? ¿Por qué tiene que preocuparnos la crisis? ¿Por qué nos conviene encontrarle una solución? Las viejas metáforas del liberalismo se han revelado todas mendaces: la “mano invisible” que armonizaría los intereses privados y los colectivos cuenta monedas en una cámara blindada, el “goteo” que irrigaría las capas más bajas del subsuelo apenas si es capaz de llenar el cuenco de una mano, el “ascensor” que bajaría cada vez más de prisa a rescatar gente de la planta baja se ha quedado con las puertas abiertas en el piso más alto. Las soluciones que proponen, y aplicarán, los gobernantes del planeta aceptan, en cualquier caso, la lógica inmanente del beneficio ampliado como condición de supervivencia estructural: privatización de fondos públicos, prolongación de la jornada laboral, despido libre, disminución del gasto social, desgravación fiscal a los empresarios. Es decir, si las cosas no van bien es porque no van peor. Es decir, si no son rentables 950 millones de hambrientos, habrá que doblar la cifra. El capitalismo consiste en eso: antes de la crisis condena a la pobreza a 4.700 millones de seres humanos; en tiempos de crisis, para salir de ella, solo puede aumentar las tasas de ganancia aumentando el número de sus víctimas. Si se trata de salvar el capitalismo ―con su enorme capacidad para producir riqueza privada con recursos públicos― debemos aceptar los sacrificios humanos, primero en otros países lejos de nosotros, después quizá también en los barrios vecinos, después incluso en la casa de enfrente, confiando en que nuestra cuenta bancaria, nuestro puesto de trabajo, nuestra televisión y nuestro ipod no entren en el sorteo de la superior eficacia capitalista. Los que tenemos algo podemos perderlo todo; nos conviene, por tanto, volver cuanto antes a la normalidad anterior a la crisis, a sus muertos en-otra-parte y a sus desgraciados sin-ninguna-esperanza.
Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona, sin duda, perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo. Y el problema es que esta crisis reveladora, potencialmente aprovechable para la emancipación, alcanza a una población sin conciencia y a una izquierda sin una alternativa elaborada. Se equivoque o no Wallerstein en su pronóstico sobre el fin del capitalismo, tiene razón, sin duda, en el diagnóstico antropológico. En un mundo con muchas armas y pocas ideas, con mucho dolor y poca organización, con mucho miedo y poco compromiso ―el mundo que ha producido el capitalismo― la barbarie se ofrece mucho más verosímil que el socialismo.
Por eso hay que auparse en los islotes de conciencia y en los grumos de organización. Cuba bloqueada, Cuba azotada por los vientos, Cuba pobre, Cuba incómoda, Cuba a veces equivocada, Cuba improvisada, Cuba disciplinada, Cuba resistente, Cuba ilustrada, Cuba siempre humana, mantiene abierta una tercera vía, hoy más necesaria que nunca, entre el capitalismo y la barbarie. Si no podemos ayudarla, podemos al menos ayudarnos a nosotros mismos pensando en ella con alivio y agradecimiento.
Autor Santiago Alba Rico Visto en La Jiribilla revista cultural cubana.
En este vídeo grabado a alta velocidad podemos ver los efectos de la tensión superficial en gotas de agua que caen sobre el agua.
Cuesta creer como la gota se va dividiendo en partes más y más pequeñas y más aún ver como rebota sobre la superficie del agua hasta que finalmente desaparece en ella.
Realmente espectacular.....
Via Snotr